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7 dic 2008

Concepción-Vallemí-San Carlos del Apa, la ruta del norte olvidada

Pese a ser parte de la red troncal, la ruta de Concepción a Vallemí históricamente solo existió en los planes del Ministerio. En la actualidad presenta un estado de abandono total que transitar por esas “sendas” se convierte en una gran aventura, y las respuestas del MOPC poco satisfacen a los norteños.

Pese a las eternas promesas por parte de los gobernantes de turno, la postergación del primer departamento por la falta de caminos continúa siendo la única realidad. Según vecinos de la zona, la ruta solo existe en los papeles y su construcción seguirá siendo una utopía, por no calificarla como “chiste de mal gusto de la clase política”.

Para competir en el marco una economía cada vez más globalizada, gran parte del éxito pasa por asegurar la comunicación. Sin embargo, para los políticos de nuestro País, la construcción de una ruta vital como esta solo seguirá siendo un discurso, el preferido en épocas de elecciones.

Es sabido que con la construcción de unos 214 km de la carretera troncal Nº V que une Concepción con Vallemí hasta llegar a San Carlos del Apa, le permitirá al país extender sus fronteras agropecuarias al incorporar a la economía nacional vastas zonas agrícolas y ganaderas. Incluso ayudará a impulsar el desarrollo industrial de la región.

No olvidemos que en el norte del departamento existen innumerables caleras, además de otros proyectos para la instalación de nuevas cementeras. También se podrá desarrollar el potencial manufacturero que ofrece las canteras de mármol para uso ornamental (únicas en su tipo por su rara y singular belleza).
Se trata de productos con un alto valor agregado, cuenta con demanda asegurada, y se cotizan en alza en los mercados internacionales. Cabe resaltar que además de este gran potencial productivo, el primer departamento cuenta con recursos turísticos que se podrían explotar. Ejemplo de ello son los ricos sitios pesqueros del Riacho Lamone y la Isla Peña Hermosa por nombrar algunos de los lugares mas atractivos.
En estos sitios, es posible desarrollar la modalidad de turismo ecológico y de aventura (actualmente muy en boga) el cual atrae mayormente a turistas europeos.
Además, un camino de penetración hacia una de las zonas quizás más abandonadas de nuestra geografía nacional, afirmará nuestra soberanía en el norte del territorio hasta hoy ignorado, e incluso desconocido para muchas de las autoridades que residen cómodamente en Asunción.

LA GRAN AVENTURA

En la actualidad, para cubrir estos 214 km de distancia representa una verdadero desafío con final incierto. Ello solo es posible con buen tiempo y vehículos 4x4 equipados, y si es posible apoyado con vehículos de auxilio. La travesía normalmente demanda más de 24 horas, o lo peor, no se llega a destino.
En efecto, en los primeros 20 km hasta Loreto, el estado del camino ya denota la falta de una conservación elemental por parte de los que tienen la obligación de hacerlo.
Desde este punto, se puede optar para continuar por Paso Barreto a la derecha, o Paso Horqueta a la izquierda hasta llegar al puente sobre el río Aquidabán de 130 m de longitud, distante 46 km de Concepción.
Lo notable aquí es que este puente está en constante reparación y en una de sus cabeceras se encuentra la estación de peaje de la Gobernación para pagar este mantenimiento, lo cual constituye toda una paradoja.
Desde este puente, la “huella” que cumple la función de un camino, sigue por San Alfredo donde la “ruta” es cada vez más desastrosa y hasta se vuelve peligrosa, sobre todo los días lluviosos, por los innumerables zanjones que permanecen abiertos.
Más adelante, los puentes sobre el riacho La Paz y los arroyos Tagatiyamí y Tagatiyaguazú desaparecieron hace años y gran parte del recorrido se debe realizar por propiedades privadas. Pero a esto se suma otro inconveniente: existen restricciones horarias para cruzar por estas propiedades, lo que muchas veces obliga a los viajeros a pernoctar en el camino.
Un poblador de San Carlos del Apa refirió a nuestros cronistas que la última vez que apareció una máquina del MOPC por el lugar fue hace más de 11 años (en la época de Wasmosy).
Incluso aclaró que en esa oportunidad, la motoniveladora enviada por el ministerio solo llevó a cabo un “repaso” del camino, y que dado los enormes zanjones abiertos, hubiese correspondido realizar un cuneteo profundo y reconstrucción.

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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