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6 dic 2008

En el centro de salud de Vallemí hacen milagros para salvar vidas

El centro de salud de Vallemí se desenvuelve dentro de una extrema precariedad. Su infraestructura está muy deteriorada. No tiene servicios de pediatría, no tiene medicamentos; su ambulancia está sin motor y sin ruedas. Según el doctor César Rodríguez, viven haciendo milagros.
Esta población del distrito de San Lázaro, con alrededor de 12.000 habitantes, tiene un centro asistencial que no ofrece ninguna garantía. Realiza atenciones, no porque tenga condiciones, sino porque no tiene medios para trasladar a los pacientes. Los médicos se ven "entre la espada y la pared", obligados a resolver hasta los problemas más serios. El propio Dr. César Rodríguez, director interino del centro de salud, reconoce que muchas veces hacen malabarismos y hasta milagros para salvar vidas."Estamos en la última localidad, en el extremo norte del departamento de Concepción, y aquí recibimos pacientes de otras comunidades, inclusive de otros departamentos, como el de Alto Paraguay, pero no podemos brindar una buena atención", indicó el galeno.Destacó que el edificio del hospital, con casi 30 años, tiene goteras en todos los sectores. No cuenta con servicios de pediatría; no hay medicamentos, ni siquiera los básicos. Su ambulancia está abandonada, el motor llevaron a Concepción.El Dr. Rodríguez informó que le dieron al centro de salud una ambulancia Mercedes Benz, "pero esta es para la ciudad, aquí necesitamos un vehículo 4 x 4, porque estamos a casi 200 km de Concepción y el camino es pésimo, intransitable apenas llueve", apuntó.

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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS

Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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