Gran Crucero por el Rio Paraguay.

Uno de los cruceros fluviales por Sudamérica que discurren por la selva del norte del Paraguay y parte del Brasil, es la que se realiza por el Rio Paraguay. Un crucero de lujo que navega el río Paraguay, un río que nace en el Brasil y discurre por el Paraguay y que tiene muchos atractivos. El crucero por el río Paraguay tiene una duración de cinco días, se realiza a bordo de un barco de lujo que cruza el gran Chaco y luego llega hasta el Pantanal, el considerado como la mayor zona húmeda de todo el planeta con más de doscientos mil kilómetros cuadrados. La salida se realiza desde la ciudad de Concepción (Paraguay), donde se embarca a los pasajeros en el barco Paraguay, una embarcación antigua que en su interior dispone de todos los lujos. El barco es de dimensiones pequeñas, con poco más de cincuenta metros de eslora y con una capacidad para una cincuentena de pasajeros. Eso si, dispone de bar, restaurante, salón, piscina e incluso una pequeña sala de cine. Tras embarcar a los pasajeros el buque Paraguay inicia su recorrido por el río Paraguay, el primer día se hace una pequeña salida en lanchas a motor para meterse en los rincones más inhóspitos y poder observar la fauna del lugar. El segundo día de crucero el barco llegará hasta el Pantanal y el Chaco, aquí pueden encontrarse hasta más de tres mil especies diferentes de especies vegetales, cientos de especies de aves, mamíferos y peces. No sólo tendremos la oportunidad de observar la fauna del exterior, sino que también tendremos la ayuda de guías que nos informarán sobre las especies y la zona de forma muy ilustrativa con imágenes y proyecciones. Al llegar al Gran Chaco los pasajeros tendrán la oportunidad de desembarcar del buque Paraguay y realizar un recorrido a pie o a caballo por este humedal. También se realizarán visitas a poblados indígenas que habitan en el Pantanal y a distintos poblados de la zona.
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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