Vallemí no tiene pediatra ni odontólogo; cuenta con ambulancia, pero sin chofer
Los cerca de 12 mil habitantes de Vallemí dependen de tres médicos clínicos, 2 cirujanos y un ginecólogo. El centro asistencial tampoco cuenta con los insumos, como medicamentos, necesarios para atender a los pobladores, señala un informe de del canal Telefuturo, emitido en la tarde de este viernes.
Los niños de la localidad no cuentan con un especialista que pueda atenderlos. Los pobladores tampoco tienen un odontólogo. Sin embargo, la clínica tiene un moderno equipo de odontología, que nunca fue utilizado. El Ministerio de Salud, tampoco contrató un chofer de ambulancia. El vehículo funciona de forma intermitente.
El director del Centro de Salud, el doctor Gerardo Vienna, señaló que no existe indisposición de parte de las autoridades para contratar a profesionales. Señaló que el problema radica en que los médicos no tienen interés en ir a trabajar a un punto "tan recóndito del país.
Alrededor del 80% de la ciudad de Vallemí quedó inundada a inicios de la semana pasada, luego de una intensa lluvia. Más de mil personas fueron afectadas por el agua. La ciudad intenta reponerse de lo sucedido. Muchos caminos de la zona siguen intransitables.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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