(LN)
El agente fue dado de baja en dos oportunidades en las Fuerzas Armadas, antes de ingresar a la Policía Nacional.
El jefe de la Subcomisaría de Huguá Ñandú, oficial inspector Blas Antonio Ortiz Agüero, donde ocurrió el enfrentamiento entre sus subalternos y un contingente de militares de las Fuerzas Armadas, cuenta con nefastos antecedentes durante su carrera profesional, de acuerdo con los datos que obran en los registros de las FFAA antes que ingresara a la Policía Nacional, informó ayer una fuente extraoficial. Además de haber sido dado de baja de la institución castrense en dos oportunidades, uno por robo de arma y otro por bajo rendimiento intelectual, también habría mentido el domingo al señalar que le robaron sus armas de fuego particulares durante el allanamiento que efectuaron los militares entre la noche del sábado y la madrugada del domingo.
Estos datos filtrados ayer a los que accedió La Nación son manejados por agentes de Inteligencia Militar, quienes tomaron conocimiento sobre el legajo Nº 8.117 del ahora policía Ortiz, pero en ese entonces era vicesargento 1º de Infantería en el Regimiento Escolta Presidencial (REP), donde fue admitido antes de ingresar a la Policía Nacional.
El documento al cual accedimos tiene primeramente los datos personales de Ortiz, que nació el 3 de febrero de 1975 en Concepción, nombre de sus padres, y que pasó a retiro de las FFAA el 25 de junio de 1997 para ingresar a la Policía.
Ortiz, primeramente fue dado de baja de la escuela de Aspirantes del Comcome, en 1993, supuestamente por robo de una pistola a un oficial de comunicaciones.
El 3 de mayo de 1995 ingresó a la Academia Militar (Academil) de Capiatá, con carácter de cadete efectivo, pero fue dado de baja el 10 de enero de 1996 por falta de aplicación e intelectual, refiere la fuente confidencial.
Posteriormente fue incorporado en fecha 11 de junio de 1996 como vicesargento 1º y destinado a prestar servicios en el REP.
En su legajo cuenta con una observación, en la que habla sobre una calificación conceptual en el 96 que “debe observar más respeto hacia los superiores”.
A pedido de Ortiz, pasó a retiro, el 25 de junio de 1997, debido a que ese año ya ingresó como cadete en el Colegio de Policía, de Luque, y aspirante a oficial ayudante, hasta que actualmente ya ostenta el rango de oficial inspector, y la titularidad en la Subcomisaría 27ª de Huguá Ñandú.
Ortiz saltó a luz el domingo al denunciar ante los canales de televisión de que los militares que asaltaron su unidad se llevaron dos pistolas suyas particulares y tres chalecos antibalas con insignia de la Policía Nacional. Fue al tiempo de exhibir un carné que supuestamente le acredita la tenencia de una de las pistolas que le hurtaron.
De acuerdo con los registros de la Dirección de Material Bélico (Dimabel), el oficial Blas Ortiz había registrado solo un arma, marca CZ, calibre 9mm., pero que figura como vendido o transferido a otra persona a partir del 6 de abril del 2001. Aparece como supuesto comprador Ariel Fernando Gómez Gómez, de 25 años, con C.I. 4.319.871, de profesión ganadero, oriundo de Pedro Juan Caballero.
Diputado al tanto
Estas mismas informaciones ya obran en poder del diputado Sebastián Acha, quien anunció que pedirá informes a Dimabel y la Comandancia de la Policía para confirmar los datos. p
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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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