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20 jun 2010

EPP deja par de fotos

(ABC) En Kurusu de Hierro, los datos facilitados por el servicio de inteligencia fueron exactos, pero la operación fracasó por ineficiencia de las fuerzas de choque; quedó la sensación de que el Ejército del Pueblo Paraguayo volvió a ganar. Los delincuentes escaparon del cerco y dejaron como prenda un par de fotografías de sus líderes.

El gobierno de Fernando Lugo refleja intención de combatir al Ejército del Pueblo Paraguayo, pero las fuerzas de seguridad del Estado no demuestran eficiencia. El resultado es un alto costo político por los fracasos y muertes que se suceden.
El ingreso en el campamento del EPP, en Kurusu de Hierro, permitió acceso a una computadora y a varios celulares, que permite a los investigadores disponer de fotografías recientes de los líderes del grupo delictivo.
Luego de 10 años se dispondrá de retratos actualizados de Magna Meza, Manuel Cristaldo Mieres y Osvaldo Villalba.
Quedó claro que los integrantes del grupo se mueven con absoluta libertad dentro del área de Arroyito, Kurusu de Hierro, Puentesiño y Hugua Ñandu, con desplazamientos hacia Vallemí y Puerto Casado.
En Kurusu de Hierro los delincuentes del EPP volvieron a escapar, dejando como prenda a la Policía un par de fotografías de sus líderes y camaradas para llorar.

Error de procedimiento

La emboscada que sufrieron efectivos de la FOPE, en la mañana del jueves pasado, es un ejemplo de ineficiencia: dos agentes, integrantes de una patrulla de 20 hombres, fueron enviados como observadores avanzados sin que se haya previsto un perímetro de seguridad.
La tarea de observador avanzado es peligrosa y debe ser realizada por los hombres más experimentados de la patrulla. El segundo requisito es disponer un cordón de protección en torno a los precursores, quienes deben mantener contacto visual en todo momento.
En el rastrillaje realizado en Kurusu de Hierro, departamento de Concepción, no se cumplieron normas elementales de patrulla de combate. El resultado fue la emboscada que sufrieron dos efectivos de la FOPE, quienes cayeron acribillados a balazos.
El suboficial Lilio Giménez Dávalos recibió una ráfaga de fusil M-16 en su costado izquierdo, se intentó salvar su vida, pero murió en un helicóptero de la Fuerza Aérea Paraguaya, camino a Asunción.
El suboficial Carlos Cardozo cayó herido, recibió un tiro en la pierna. Un miembro del Ejército del Pueblo Paraguayo lo ejecutó, con disparos en la cabeza; murió asesinado a sangre fría.

Muerte de policías

¿Cuántos policías seguirán muriendo en manos del Ejército del Pueblo Paraguayo?
El Ministerio del Interior insiste en plantear una solución estrictamente policial. La responsabilidad de combatir al EPP es de la Policía Nacional, no de las fuerzas de seguridad del Estado en su conjunto.
El EPP es un riesgo para la existencia del Estado paraguayo y su objetivo es la destrucción del modelo actual, para imponer un nuevo sistema político por la fuerza de las armas.
Se puede dudar de las posibilidades de éxito del EPP, pero no de su convicción para luchar contra la Policía Nacional; el desenlace de los últimos enfrentamientos refleja el nivel de entrenamiento que adquirió con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Dado el peligro que constituye el EPP para el Estado paraguayo, el conjunto de las fuerzas de seguridad debe contar con un mando único, apoyado por estado mayor centralizado.
Es un completo absurdo que los servicios de inteligencia trabajen sin coordinación y que las unidades de choque realicen operaciones en forma aislada.
El resultado se traduce en la muerte de agentes policiales y un descrédito creciente del Gobierno.

Soberanía del Estado

De acuerdo a nuestra Constitución Nacional, la Policía Nacional es responsable de la seguridad interna y las Fuerzas Militares asumen la protección de las fronteras nacionales. El Ejército del Pueblo Paraguayo pretende imponer límites a la soberanía del Estado paraguayo.
Y de hecho logró hacerlo: a lo largo del secuestro de Fidel Zavala se estableció una zona, denominada triángulo, donde el EPP tenía libertad de acción. La Policía Nacional se mantuvo fuera de los límites del triángulo, que pasó a convertirse en zona liberada.
El Estado paraguayo cedió momentáneamente la soberanía nacional y el EPP impuso límites a la vigencia de las instituciones. ¿No constituye este acto una violación a las fronteras soberanas? ¿Acaso no están obligadas las Fuerzas Militares a proteger la integridad del territorio patrio?
El Ministerio del Interior es una instancia administrativa del poder político y la responsabilidad de encarar operaciones de combate es de las fuerzas de seguridad, que deben actuar en forma coordinada, bajo un comando único.
Así como van las cosas, no debería sorprendernos que militares y policías vuelvan a agarrarse a tiros, tal como sucedió hace unas semanas en Hugua Ñandu. En aquel momento, los militares no coordinaron una operación con la Policía Nacional.
El jueves pasado, fueron los policías quienes no establecieron un canal operativo con las Fuerzas Militares.
Ni siquiera se previó el apoyo de helicópteros de la Fuerza Aérea Paraguaya, estacionados en Concepción, apenas a 18 minutos de vuelo de Kurusu de Hierro.

Ansiedad de protagonismo

El alto mando de la Policía Nacional tiene una peligrosa ansiedad de protagonismo: tozudamente rechaza la incursión de Fuerzas Militares en persecución del EPP y se niega sistemáticamente a aceptar que las fuerzas especiales de la Policía no son las adecuadas para combatir en zonas rurales.
Los efectivos de la FOPE tienen un alto nivel de entrenamiento, están bien equipados y en diversas operaciones demostraron eficiencia, pero su experiencia es el combate urbano.
Los comandos militares, en cambio, tienen como ámbito de operaciones las zonas boscosas.
Dado que los del EPP ponen en riesgo la soberanía y la vigencia del Estado, no existe ninguna restricción legal para que puedan liderar el combate al EPP.
En medio de la mirada dubitativa del poder político, policías y militares siguen sin ponerse de acuerdo.

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