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25 oct 2010

Piden escuela y tierra

Concepción.- (UH) Unas diez familias ribereñas olvidadas y abandonadas piden asistencia del Estado. Quieren reapertura de una escuela y legalización de sus tierras.

Las familias están asentadas en un banco ribereño, ubicado a 30 km al norte de Concepción del lado chaqueño. La comunidad se denomina Isla Santa Beña y sus habitantes se dedican a la pequeña agricultura y pesca.
El principal problema de la comunidad es la falta de una escuela para los 27 niños que deben cruzar el río Paraguay en bote y viajar 10 kilómetros para llegar a la comunidad de Pirity Mongelós, donde acuden a las aulas, y deben quedarse ahí durante una semana.
Según Fredy Aníbal Torales, presidente de la comisión vecinal de los ribereños, hace tres años llegó a funcionar la escuelita, pero por falta de rubros los docentes abandonaron el trabajo quedando los niños sin su año escolar.
"Queremos que las autoridades miren a nuestra isla y nos reabra la escuela, es lo más urgente", indicó el dirigente.
El pastor Patrocinio Velázquez, del Centro Cristiano Concepción, indicó que su congregación donó los materiales didácticos, pero lastimosamente no pudo proseguir la actividad educativa. Dijo que está corriendo con algunas gestiones con la Secretaría de Educación de la Gobernación de Concepción, para obtener la reapertura escolar.
Otro problema con que tropiezan los habitantes es la situación de las tierras ocupadas. Según Bernabé Piris, antiguo poblador, necesitan la legalización de las tierras de unas 60 hectáreas, ya que suelen sufrir acosos de parte de los dueños de la estancia Puerto Colón .

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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