Joven asesina a su pareja en Horqueta
HORQUETA, Concepción. En un confuso episodio ocurrido ayer, una joven fue asesinada a cuchilladas por su concubino, quien inmediatamente se fugó luego de consumar el hecho.
El crimen sucedió aproximadamente a las 14:30 horas de ayer en la base número 4 de la villa María Auxiliadora de esta ciudad. Los vecinos del lugar llevaron a la víctima a una clínica privada, pero falleció después de unos 15 minutos.
La joven asesinada es Judith Mabel Díaz Centurión, soltera (24 años), y el supuesto autor, Blas Martínez, soltero y mayor de edad, según informaron agentes policiales.
Los familiares de la víctima relataron ante la Fiscalía local que el citado sujeto acabó con la vida de su pareja luego de una discusión entre ambos, a causa de celos. Señalaron que estaban separados justamente por falta de entendimiento.
Dijeron que en un momento determinado del entredicho, el hombre se había apoderado de un cuchillo con el cual arremetió contra Judith.
El médico, Sixto Barrios que la atendió en la clínica San Antonio informó que la joven recibió tres cuchilladas profundas en la cabeza, otras tres en el lado derecho del tórax, que alcanzaron el corazón, y que tuvo otra herida en la parte anterior del antebrazo, lado izquierdo.
El Dr. Barrios, expresó que cuando la mujer fue ingresada al centro asistencial estaba padeciendo shock hipovolémico y que falleció a causa de las heridas.
Intervinieron en este caso el fiscal de turno Guillermo Ortega, el médico forense Óscar Mieres y agentes policiales de la comisaría 3ª. Tanto el fiscal como los policías realizaron un allanamiento en el domicilio de la pareja, donde buscaron sin éxito al supuesto autor del homicidio, quien está con paradero desconocido.
Fuente: ABC Color
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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