Arlan se graduó con honores
El joven Arlan Fick logró sobreponerse al tiempo de terror que vivió casi un año de secuestro en manos del grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) y ahora ha conseguido culminar el bachillerato con éxito.

La dramática historia del adolescente raptado va quedando atrás, mientras recupera las actividades de su edad. Este miércoles se difundió en redes sociales una fotografía en la que se lo ve rebosante de alegría sosteniendo su título de bachiller, que lo consiguió tras retomar la asistencia al colegio. Soportó meses de incertidumbre en manos de sus captores en los montes del departamento de Concepción.
No solamente ha conseguido graduarse, sino que Arlan resultó ser el segundo mejor alumno de su clase y hasta se ha ganado una mención de honor, según publica el Centro Informativo Ciudadano.
El joven había sorprendido a todos durante la festividad de la Virgen de Caacupé, al peregrinar por 7 días, haciendo más de 320 kilómetros de caminata para llegar hasta la Basílica. La feligresía católica rodeó con admiración y alegría al joven, rezando con él en el altar de la Virgen serrana.
Otro de los secuestrados, el suboficial Edelio Morínigo, quien compartió días de angustia y desesperación con Arlan, ya lleva más de un año en poder del grupo criminal.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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