Municipalidad evita el desalojo con promesa de compra
La Junta Municipal de Concepción autorizó al intendente gestionar un préstamo de G. 2.300 millones para la compra del inmueble donde están asentadas 53 familias. Con esto, la orden de desalojo queda en espera.
La plenaria de la Junta aprobó ayer sobre tablas el pedido de autorización del intendente Alejandro Urbieta, consistente en la gestión de un préstamo en un banco de plaza por la suma de G. 2.373.000.000 para la adquisición de 2,3724 ha. de los señores Osmar García y Stella Mary Zárate, dueños del inmueble ocupado desde casi cinco décadas.El intendente Urbieta sostuvo que el préstamo será a 15 años de plazo de uno de los bancos de plaza, pero que no será ningún regalo, ya que a través de una ordenanza comprometerán a los beneficiarios a retornar el costo en el mismo plazo y en cuotas sociales.Teófilo Franco, líder de las familias del barrio Fátima, agradeció el gesto y puso a las 53 familias a disposición del intendente y concejales para lo que hubiere lugar. “Somos soldados de ustedes a partir de ahora por el gesto que tuvieron con nosotros”, dijo Franco.Por su parte, el abogado Walter Olmedo, representante legal de los propietarios del inmueble, indicó que aunque no tenga aún los documentos, con la aprobación de la Junta al pedido del intendente ya se puede hablar del cumplimiento del primer requisito para atajar el desalojo.Explicó que en el ánimo de los propietarios existe el deseo de no llegar al desalojo.El inmueble tiene 6,5 ha., pero la comercialización será la fracción de 2,3724 ha. que está ocupada por las 53 familias.El desalojo debía ejecutarse ayer, martes, pero con la disposición de la Junta y del intendente se logró destrabar la situación. (J.R.)UH
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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