Militares fueron ejecutados por ocho o nueve personas
Detalles que surgen de la autopsia que se realiza a los cuerpos de los ocho militares fallecidos tras el ataque del EPP este sábado en Arroyito, Concepción, indican que todos fueron ejecutados con disparos en la cabeza.
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| Foto: ABC color |
Fuentes oficiales confirmaron que ninguno murió con la bomba que explotó frente a la patrulla militar que realizaban en la mañana de este sábado en Núcleo 6, Arroyito, Concepción.
El informe preliminar da cuenta que todos fueron ejecutados. Seis de ellos murieron en el acto y dos aún vivían cuando fueron llevados al Hospital de Concepción, pero fallecieron en el camino.
Los criminales del EPP ejecutaron en la carrocería del camión a los militares que quedaron vivos. El chofer y el copiloto fueron ejecutados a dos o tres metros del camión. El resto, atontado por la explosión de unos 10 kilos de bomba, no entendían qué pasaba. Para hacer esto usaron un cable largo a jeringa, un dispositivo casero.
Siete de los militares entraron a la zona a hacer una incursión. El chofer quedó en el camión y, en un momento, fue a buscarlos. La emboscada ocurrió en ese momento.
Los asesinos usaron balas calibre 7,62; 5,56 y 9mm. Los investigadores calculan que los criminales fueron ocho o nueve, por las pisadas que encontraron en el sitio. Todos huyeron a pie y se internaron en el monte. Los médicos del Ministerio Público prevén que la autopsia, que se hace en el Hospital de Concepción, irá hasta la madrugada.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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