El departamento es de media producción, según la Senad
La Secretaría Nacional Antidrogas tiene en su mapa a Arroyito como uno de los lugares donde se concentran plantaciones de marihuana, pero no como uno de los principales.
No se trata de uno de los sitios más importantes, pero reconocieron que el cultivo de la droga es una realidad en la zona. “Hay lugares que son de mayor tradición y mucho más importantes en cuanto a volumen, pero sí, como en otras zonas, también hay producción en esos lugares”, explicó Francisco Ayala, del departamento de comunicación de la Secretaría Nacional Antidrogas, que se refirió al departamento de Amambay como el de mayor producción de marihuana.
De hecho, expertos de la Senad confirmaron que fue en ese departamento donde se comenzaron las plantaciones en nuestro país; de la zona de Capitán Bado luego se extendió hacia Canindeyú, San Pedro, y otros departamentos del país.
En Concepción, el auge de la plantación comenzó en los años 90, según afirmaron nuestras fuentes. Es considerado un departamento de media producción, al igual que San Pedro, Caaguazú y Alto Paraná.
La mayor concentración de las 6 mil hectáreas de plantaciones que se tiene en nuestro país sigue estando en los departamentos de Amambay y Canindeyú.
La marihuana que se produce en el Departamento de Concepción tiene generalmente como destino el mercado brasileño.
Alrededor de 20 mil campesinos trabajan en las plantaciones a nivel país, según los antidrogas.
Este negocio mueve alrededor de 709,5 millones de dólares al año en exportaciones, informó la Senad.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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