Familiares de Edelio Morínigo marchan por la esperanza
Una veintena de personas realizan una caminata simbólica en Concepción este miércoles, día en que se cumplen tres años del secuestro de Edelio Morínigo. Obdulia Florenciano, madre del suboficial, contó que la vigilia de anoche fue muy sacrificada.

Unas 22 personas marcharon desde la estancia Macchi Cué, de Cuero Fresco, ubicada a 100 kilómetros de la ciudad de Concepción, en donde el suboficial Edelio Morínigo fue secuestrado por el EPP. En el establecimiento, pasaron la noche en vigilia, esperando alguna señal de vida.
Obdulia comentó que fue muy sacrificado realizar la vigilia en el lugar y que no durmieron ni un segundo. "Nosotros hicimos el sacrificio por un día, esto no es nada comparado a lo que Edelio debió y debe estar pasando en estos tres años", expresó en el idioma guaraní.
Por otra parte, Florenciano Morínigo, padre de Edelio, resaltó que, si bien no estuvo presente en a vigilia, su espíritu de esperanza lo acompañó y le dio fuerza para realizar la caminata de este miércoles.
La caminata, que será de 18 kilómetros, se inició a las 7.00 de este miércoles, día en el que se cumplen tres años del secuestro del suboficial por parte del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). El trayecto culmina en la parroquia María Auxiliadora de la ciudad de Concepción en donde se celebrará una misa, informó el periodista del diario Última Hora Elías Honzi.
La última vez que los familiares tuvieron señales de vida de Edelio fue hace dos años, cuando en un video junto con Arlan Fick, daban a conocer el estado y pedidos a sus respectivos familiares.
La familia del suboficial pide que miembros del grupo armado hagan llegar alguna señal que aumente las esperanzas de volver a ver al hombre que como marido e hijo, continúa con vida.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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