Nuevo grupo criminal quiere darse a conocer
El fiscal de Horqueta, Pablo Zárate González, informó este viernes que mantiene la hipótesis que el secuestro de Liduvina Ramírez - cuñada de Alejandro Ramos - fue hecho por el grupo “Justicieros de la Frontera” para hacerse conocer.
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| Maria Liduvina Ramirez |
Zárate contó que ahora la fiscalía se centra en identificar a estas personas que secuestraron a Liduvina Ramirez por 23 horas entre el martes y miércoles pasado. “La señora Liduvina manifestó que este grupo se manifestó como Justicieros de la Frontera. Estamos ante esta situación de la identificación de los integrantes de este nuevo grupo que está actuando al margen de la ley”, manifestó el agente del Ministerio Público en conversación con radio ABC Cardinal. Según la víctima, fue secuestrada por cinco o seis personas vestidas de civil, pero con pasamontañas. “La señora está muy shockeada, está muy golpeada”, expresó Zárate. El fiscal pidió también dar la importancia necesaria a este nuevo grupo criminal porque cuando nació el EPP tampoco nadie creía.Tanto María Liduvina Ramírez como su marido, Anselmo Ávalos, aseguraron que los captores en todo momento preguntaron por Alejandro Ramos Morel, cuñado de la docente. La pareja les dijo que nada sabían de su paradero ni de su esposa, Lourdes Bernarda Ramírez. Alejandro Ramos Morel abandonó las filas del EPP y conformó su propio grupo armado. Se sospecha que es el que mantiene secuestrado al ganadero Félix Urbieta.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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