Denuncian que Comuna vendió terreno en litigio judicial
CONCEPCIÓN.- El intendente de Concepción, Alejandro Urbieta, confirmó semanas atrás que su administración con apoyo de su Junta Municipal había vendido el año pasado el inmueble de 6,2 hectáreas de terreno (ex puerto Nanawa) a la empresa TLP por valor de 700.000 dólares. Sin embargo, según la denuncia recibida, el terreno se halla en litigio judicial y la Corte Suprema de Justicia debe expedirse sobre una acción de inconstitucionalidad presentada por el dueño del inmueble vendido.

Ante publicaciones realizadas por ÚH sobre la venta del ex puerto Nanawa de Concepción de parte de la Municipalidad a una empresa multinacional, la abogada Cleci Nymann, asesora jurídica de Juan De Dios Garbett, dueño original del terreno, denuncia que el inmueble tiene una larga historia judicial que hasta la fecha no fue sustanciada y que, por cuya consecuencia, jamás podría haberse vendido.
La letrada explica que en 1984 el Instituto de Bienestar Rural (IBR) concedió a Garbett la posesión de 13 ha. ubicadas dentro de las 43 ha., de la fracción fiscal Saladero Cué de Concepción, y que Garbett abonó al IBR los cinco años de arrendamiento exigidos por ley.
Añade también que el precio total por el mencionado lote fue cancelado por Garbett. Posteriormente se remitió el expediente al Consejo del IBR-Indert para su adjudicación y titulación a nombre de Juan de Dios Garbett.
Aclara que después de haber pagado el arrendamiento, realizó importantes mejoras en el predio, como construcción de la sede de la empresa Nanawa SRL funcionando en forma legal, como Puerto Nanawa, sorpresivamente el Consejo del IBR, con un argumento falso, desestimó la solicitud de compra de Garbett, dijo.
Nymann explica que esa Resolución del IBR fue recurrida por su parte ante el tribunal contencioso-administrativo, donde, según manifiesta, se demostró que esas tierras no forman parte del inmueble donado al Estado para pista de aviación.
UH
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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