Fundó una escuela y por política terminó como docente rural
CONCEPCIÓN.- Una excelente educadora de las pasadas décadas pasó humildemente en su vivienda el Día del Maestro. Fue fundadora y primera directora de una prestigiosa escuela de Concepción, pero al negarse a afiliarse al partido de gobierno fue a completar su carrera en una escuelita del campo, lejos de la ciudad.

Se trata de la profesora Pascuala Tadea Vázquez vda. de Caballero, de 89 años, quien fue formada en la Escuela Normal de Concepción, recibiéndose en 1956. Al año siguiente fundó la Escuela Gral. José E. Díaz, siendo la primera directora de la institución, que funcionó en una casa particular.
Explicó que cuando la escuela tuvo su local propio, se presentaron muchos interesados en la dirección y que la supervisora de la época, Elvira Sosa, le pidió su afiliación para seguir en el cargo. “No tenía afiliación, peor, mi marido era activista del Partido Liberal y me dijo que no me faltaría para comer y que dejara nomás el cargo”, acotó.
Indicó que tras renunciar decidieron ir a vivir en el campo. “Ahí toda la comunidad de Cerrito Naranjhaty me pidió para enseñar en la escuela sin condicionamiento y ahí terminé mi carrera con 27 años de trabajo”, señaló.
Doña Pascuala comentó que su trabajo era de vocación y que entregaba su vida al magisterio.
Destacó que no tenía necesidad de castigos físicos a los alumnos. “Los castigos morales se daban, no salir al recreo, completar sus tareas en aulas, yo no hallaba la necesidad de castigos corporales, pese a que los padres autorizaban”, recordó.
La connotada educadora vive en la actualidad en el barrio Villa Armando de Concepción y el 17 de mayo cumplirá 90 años.
UH
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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