Damnificados esperan volver a sus casas
CONCEPCIÓN. A pesar de que el nivel del río Paraguay subió ayer tres centímetros frente al puerto local, los damnificados esperan volver en breve a sus casas. Ayer llegaron más insumos para asistencia humanitaria.

Según los datos proveídos, el nivel de las aguas del río Paraguay llegó ayer a 7,20 metros y se mantiene en un “estado crítico”. Las marcas que se vienen registrando en los últimos días da la esperanza a los cientos de pobladores de zonas ribereñas que pronto las aguas bajarán.
“El agua corre muy fuerte en la zona y también ha subido poco en los últimos días, esto por experiencia podemos decir que la tendencia es que en breve baje”, afirmó uno de los damnificados respecto a la crecida del río.
Actualmente más de cincuenta familias están refugiadas entre los galpones del puerto antiguo de esta ciudad y un local privado donde funcionaba un molino harinero. También en este sitio, sobre la calle Brasil, ayer la escuela “Stella Maris” empezó a funcionar. La institución fue “trasladada” a esta ciudad debido a su local, ubicado en la isla Chaco’i, fue inundado.
También fueron afectados por la crecida del río Paraguay los vecinos del barrio Fátima situado en el sector sur de esta capital departamental. Mientras que el arroyo Caleverita, situado al norte de la ciudad, también desbordó y dejó numerosos damnificados.
Cerca del mediodía de ayer, frente a la sede de la Gobernación de Concepción, la ayuda humanitaria más grande que ha enviado en los últimos días la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN).
Se recibió 16.000 kilos de alimentos, 800 carpas, 300 colchones, 800 terciadas, 500 frazadas y 400 puntales de madera, informó Francisco Antonioli, funcionario de la SEN.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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