Mujer apuñaló por la espalda a su concubino
La mujer cometió el hecho y luego desapareció de la zona, hasta ahora sigue con paradero desconocido.

Yohana Castillo llegó a su casa del barrio Santo Domingo de Vallemí (Concepción) en la tarde del domingo y en la entrada misma se encontró con su hermano completamente ensangrentado que pedía auxilio. Roberto Castillo, de 26 años, presentaba un corte en el abdomen y otro en la espalda, apenas pudo caminar para pedir ayuda luego de recibir dos estocadas por parte de su concubina, una mujer once años mayor que él.
Rápidamente, la chica de 19 años trasladó a su hermano hasta el centro de salud local, de donde fue derivado debido a la gravedad de su estado al hospital regional de la capital departamental, Concepción, según informó el oficial Ángel Colmán. "Se fue para mejor atención", apuntó el uniformado.
La autora fue identificada como Librada Alberta Ramírez, de 37 años, quien tras cometer el hecho se dio a la fuga y hasta el momento se encuentra con paradero desconocido, refirió Colmán.
El subjefe de la comisaría 16 de Vallemí manifestó que ellos tuvieron conocimiento de lo ocurrido tras una llamada de los médicos de guardia del centro de salud, por lo que acudieron al sitio para levantar los datos. No obstante, hasta el momento no se ha formulado denuncia al respecto.
"Nosotros le dijimos a los familiares que acudan para denunciar, pero todavía no vinieron", indicó el agente.
Mencionó que de acuerdo con el relato de la hermana del herido, previo al ataque la pareja tuvo una fuerte discusión "por diferencias conyugales", cuyo motivo hasta el momento es desconocido.
De todas formas, los efectivos policiales informaron los antecedentes al Ministerio Público para iniciar los trámites investigativos y se ordene la detención de la supuesta autora.
Fuente: Extra
C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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