El administrador de la Diócesis de Concepción, padre Heraldo Willen, autorizó la construcción de un precario pabellón en el recinto de la Pastoral Social concedido a la Cruz Roja por 20 años y donde funciona el mercado de abasto. Tras larga discusión se llegó a un acuerdo.
Este hecho provocó la reacción de los productores asociados y de la directiva de la Cruz Roja, que pidieron explicación al obispo Zacarías Ortiz y al sacerdote extranjero. Cuestionaron la falta comunicación.
Ramón Morales, presidente de los productores asociados de la central de abasto de Concepción, dijo que la gente de la Iglesia no tuvo ninguna mala intención, más que ayudar a 9 feriantes rurales a reubicarlos en mejor condición y para quienes construyeron el pabellón.
La directiva de la Cruz Roja y los productores recordaron que existe un contrato de 20 años, que estipula que el predio debe ser utilizado por los productores asociados de la central de abasto de Concepción para almacenamiento, conservación y exportación de productos agrícolas. Enfatizó que el miedo es que la nueva construcción podría perjudicar al proyecto establecido con anterioridad.
Finalmente, acotó que tras larga discusión, los productores accedieron a la intención del sacerdote, pero con la condición de que los nuevos feriantes deben asociarse al grupo y someterse al reglamento que exige disciplina, orden, limpieza, salubridad, entre otros. Tal acuerdo será firmado en una próxima reunión.
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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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