Concepción.- (UH) Los viajes a Vallemí se constituyen en un peligro permanente para los transportistas por el mal estado del trayecto y los puentes que deben atravesar. En tanto, el proyecto de asfaltado sigue pendiente.
El primer obstáculo es el puente de madera de casi 140 metros, que se halla en Paso Horqueta sobre el río Aquidabán. Su mal estado significa todo un peligro para los transportes. Fue rehabilitado, tras 30 días de clausura, pero solo permite el tránsito de vehículos de mediano porte.
La próxima semana nuevamente debe ser clausurado para que continúe la reparación.
La vía fue construida en 1997 con apoyo de la Gobernación de Concepción y algunos ganaderos de la zona. No obstante, con cada crecida de agua, la infraestructura sufre serios daños que son reparados con el dinero recaudado con el peaje.
La odisea no concluye con el mal estado del puente. A 10 km de la colonia San Alfredo, se encuentra el arroyo Tagatiya, por el cual pasan los transportes. Si llueve, las aguas dificultan el paso. Muchos vehículos ya quedaron atascados en el lugar, generando serios daños a los motores.
Por otro lado, el cruce de los vehículos por el cauce, contamina gravemente las aguas del arroyo, que presenta aguas transparentes por el suelo calcáreo. El puente de madera derrumbado hace más de cinco años continúa sin ser reparado.
PROYECTO APROBADO.
El proyecto de asfaltado de la ruta Concepción- Vallemí ya cuenta con la aprobación del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Focen). La aprobación se dio en junio de este año; sin embargo, hasta el momento no se ha llamado a licitación.
Efraín Alegre, ministro de Obras Públicas, prometió que para fines de año ya debe iniciarse la obra.
El asfaltado que unirá Vallemí con Concepción, tiene una extensión de 70 kilómetros y el costo es de 97 millones de dólares, de los cuales el 85% será financiado por el Focem.
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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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