CONCEPCIÓN.- (UH) El Programa Alimentario Nutricional Integral (PANI), de la Primera Región Sanitaria, asistió a 1.967 pacientes, entre embarazadas y niños menores de 5 años de comunidades muy humildes del departamento de Concepción.
En el mes de abril entregó 2.524 kilogramos de leche y 1.763 de leche con cereales, a niños y niñas menores de 5 años que están con bajo peso o desnutrición, y para mujeres embarazadas en la misma condición.
El tratamiento para niños dura 12 meses, y para mujeres embarazadas, una vez que ingresan al programa, más de 3 meses luego del parto. Estos pacientes llevan 2.5 kilos de leche con cereal por tres meses y 2 kilos de leche por 9 meses, completando así un año de tratamiento nutricional para aumentar de peso y mejorar el estado de salud.
El programa se lleva a cabo en las comunidades de Loreto, Horqueta, Belén, Yby Ya'u y Concepción, como así también en unas 20 comunidades indígenas de los distritos de Horqueta, Yby Ya'u y Concepción, entre las cuales se encuentran las comunidades de Vy'a Renda, con 42 pacientes; Redención, 39 pacientes; Azotey, 10 pacientes; Yrapey, 140 pacientes, y Yvyraja, con 58 pacientes, sumando un total de 710 personas hasta el mes de febrero de 2011.
La licenciada Ximena Medina, responsable del programa, comentó que la falta de combustible es la principal dificultad para llegar a todas las comunidades, algunas de las cuales están muy alejadas. Mencionó también que se cuenta con la colaboración de los puestos de salud y las Unidades de Salud de la Familia, correspondientes a las comunidades, con autogestión de los funcionarios para llegar a estos lugares.
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C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS
Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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