Asunción.- (UH) La final del campeonato nacional de Interligas quedó para Paranaense, que venció en la tanda de penales (4-3) y se consagró como flamante campeón. Jugará en la División Intermedia en este año.
Los goles durante el transcurso del juego, que terminó 1-1, los marcaron Celso Romero (Paranaense) y Armando Candia (Ovetense), mientras que en la tanda de penales se destacó el portero Víctor Samudio, quien tapó dos penales y dio la victoria a su equipo. De esta manera, y después de 16 años, el conjunto “Esmeralda” de Alto Paraná logra su cuarto título, ya que hizo lo mismo en la temporada 1975-1976, 1987-1988 y 1995-1996.
Ovetense salió en busca del tanto apertura desde el inicio del juego y antes del minuto tuvo su primera ocasión, mientras que el rival se defendía como podía.
Las llegadas albirrojas eran constantes, aunque sin conseguir el gol; Hugo Cuba y Brígido Bazán eran los más punzantes de su equipo. Por su parte, Paranaense apostó a las salidas rápidas y a los remates de larga distancia; Óscar Matto y Alfredo Acosta eran los encargados de intentar sorprender al portero Mario Trigo.
Cuando Ovetense era superior en la cancha, llegó el gol de los de Alto Paraná cuando transcurrían 31 minutos de juego; Celso Romero eludió la marca del rival y remató cruzado, dejando sin posibilidades a Trigo e introduciendo el balón en la portería para poner el 1-0 en el partido y acallar a la mayoritaria hinchada que se vino en masa desde Coronel Oviedo.
Como en la primera etapa, Ovetense salió a presionar en la complementaria, dejando espacios en el fondo, que eran aprovechados por el rival, que decidió esperar atrás y salir de contragolpe, tratando de mantener la ventaja.
Pero Ovetense llegó al empate a los 65’; luego de un tiro de esquina, Armando Candia ganó en el área y marcó el 1-1 con una notoria mano levantada que no vio el árbitro y que fue protestada por todo el equipo paranaense.
Con la igualdad en goles también llegó la igualdad en nivel de juego, ya con ambos equipos cuidando el resultado, esperando llegar a los penales.
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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