EPP, cada vez más desafiante frente a FTC perdida
El grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), además de incendiar maquinarias y secuestrar a un adolescente de 17 años en la considerada “zona roja” del norte de la Región Oriental del país, se muestra cada vez más desafiante. Ayer detonó una bomba casera al paso de una comitiva del orden público, dejando así desorientada a la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC).

Los miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) se mueven y actúan “sin mayores complicaciones” en la “zona de teatro” de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), que opera al mando del general Martín Cáceres. El grupo especial fue creado para combatir a la banda criminal, y está compuesto por efectivos militares, policiales y de la Senad, además de agentes y funcionarios del Ministerio Público.
Ayer los delincuentes del EPP se mostraron más desafiantes, cuando en horas de la mañana y sin mayores complicaciones, detonaron una bomba de fabricación casera al paso de una comitiva de la FTC. Fue en un camino que une la Ruta III “Gral. Elizardo Aquino”, con la estancia “Sociedad Civil” (ex “La Yeya”), atacada el miércoles último por la banda, que además secuestró al adolescente Franz Wiebe Boschman (17).
La explosión del artefacto casero impactó levemente en un móvil de la FTC, pero no dejó heridos. La detonación se produjo en forma manual desde una zona boscosa adyacente al camino. En el lugar los malvivientes dejaron una nota cuyo contenido no se divulgó.
Los miembros de la FTC, se mostraron desorientados ante la situación y no dan respuestas a la inseguridad que afecta a los pobladores, productores agrícolas y ganaderos del norte del país.
Ataque y plagio
El EPP, que hace más de dos años mantiene secuestrado al suboficial 2° de Policía Edelio Morínigo y hace casi uno al menonita Abrahán Fehr, en la tarde del miércoles secuestró al adolescente Franz Wiebe Boschman (17), después de atacar la citada estancia, que pertenece a los colonos de Río Verde, ubicada en Santa Rosa de Aguaray, departamento de San Pedro.
El objetivo real era el empresario menonita Cornelio Peters, pero al final emboscaron a Wiebe, quien estaba al mando de un camión de cargas para el traslado de maíz.
Los criminales también tomaron de rehén al hermano de Cornelio, Pedro, un joven sordomudo, y lo mantuvieron en cautiverio por algunas horas. Después lo golpearon y le entregaron un escrito que contemplaba las exigencias de la banda, entre ellas un eventual pago de rescate por 700.000 dólares por la liberación del adolescente.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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