Elaboran peculiar pesebre familiar
CONCEPCIÓN. Desde hace 19 años la familia Quevedo Lailla arma su peculiar pesebre en la casa ubicada en pleno centro de esta capital departamental. La particularidad de este establo es que además de estar compuesto por los objetos tradicionales, también agregaron otros relacionados con la intención que pone la familia.
Doña Brunhilde Lailla de Quevedo explicó que desde 1998, en el patio de su domicilio ubicado en Curupayty casi Presidente Franco, prepara su pesebre. Las figuras de barro son grandes y eso llama la atención de niños y adultos que pueden visitarlo. Cada año el pesebre se arma en un lugar diferente del patio, así como fue ganando en tamaño porque antes de iniciar los trabajos la encargada de diseñar el motivo tuvo una intención particular que le dio nombre al pesebre.Por ejemplo, este año lleva de nombre: “El niño Jesús en el jardín de los recuerdos de la familia Quevedo Lailla”, y tiene su explicación en que toda la familia está reunida en Concepción. Esto se da porque hoy el hijo menor de la familia se casa y eso ha hecho que hasta un hijo de corazón de la familia y que había venido por intercambio cultural hace 18 años de Islandia, esté con su esposa e hija reunida con su “familia paraguaya”. El peculiar pesebre cuenta con los tradicionales componentes, pero la familia le agregó algunos objetos antiguos que utilizaron sus antepasados. En el enorme establo armado entre plantas se pueden apreciar una cocina de hierro que usaba la madre de doña Brunhi, como más se la conoce, también una bicicleta que usaba su padre. Además de ollas de hierro, un tacho de cobre y un antiguo brasero.Frente al niño Jesús, y sus padres José y María, está colocada una batea llena de alimentos y eso representa el trabajo familiar.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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