Pobladores del Alto Paraguay recibirán el año nuevo aislados
FUERTE OLIMPO, Dpto. de Alto Paraguay. Los pobladores del Alto Chaco recibirán el año nuevo aislados, porque los caminos se encuentran inundados tras las lluvias registradas desde días antes de la fiesta de Navidad. El distrito más castigado es Bahía Negra, donde solo se puede llegar por vía fluvial en una embarcación que realiza viajes en forma semanal a la zona.
Toro Pampa, María Auxiliadora, San Carlos, Ñu Apu’a y los numerosos establecimientos ganaderos del distrito de Fuerte Olimpo donde viven unas 1.500 personas están siendo afectados por el fenómeno cíclico. Puerto Guaraní, con una población superior a los 1.000 habitantes, está totalmente aislada por tierra.
La zona de Bahía Negra se encuentra completamente incomunicada por tierra y solo los tractores circulan por los caminos del distrito. Incluso los vuelos del Servicio de Transporte Aéreo Militar (Setam) no están garantizados, atendiendo que en la población no se cuenta con pista de todo tiempo por lo que basta un pequeño aguacero para que se suspenda el servicio.
En las comunidades ribereñas de Fuerte Olimpo se cuenta con una pista de aterrizaje de todo tiempo, pero por la gran demanda de pasajes se torna muy difícil conseguir lugar en el avión y más aún en esta época de fiestas.
Ante esa realidad, el medio de transporte más utilizado –como ocurre cada vez que se registra aislamiento por tierra– es la embarcación Aquidabán que realiza un viaje semanal desde Concepción hasta Fuerte Olimpo. También se cuenta con otras precarias embarcaciones que realizan el servicio desde Vallemí.
De producirse más lluvias, todo el departamento corre el riesgo de quedar totalmente aislado, tal como sucedió en los años 2014 y 2015. Entonces, los pobladores de Alto Paraguay se quedaron incomunicados por tierra 180 y 90 días, respectivamente.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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