En Puerto Casado despiden al líder del pueblo Maskoy
Los restos del líder del pueblo Maskoy de Puerto Casado, René Ramírez, fueron sepultados esta mañana tras fallecer el domingo en el Hospital Central del Instituto de Previsión Social (IPS). El nativo es reconocido por conseguir una propiedad para su comunidad durante la dictadura.

Puerto Casado.- En la capilla de Machete Vaina se congregaron los miembros de la comunidad, líderes y las personas que acompañaron para despedir a René Ramírez. Ninguna autoridad de la zona estuvo presente a pesar de que el ciudadano fue constituyente en 1992. El líder también había presentado un discurso ante Juan Pablo II cuando visitó Paraguay en 1988.
Entre sus logros está el haber conseguido durante la dictadura de Alfredo Stroessner una extensa propiedad para la parcialidad Maskoy.
La misa estuvo oficiada por el párroco Zislao Ksiasek en la parroquia San Ramón Nonato, distante a varios kilómetros del camposanto. Sus restos fueron llevados en marcha por un estrecho camino hacia el cementerio de la comunidad Maskoy.
El trayecto recorrido se encontraba en estado deplorable a causa de las continuas lluvias. Además, el repunte de agua deja cortada la vía de acceso a las comunidades Riacho Mosquito, Boquerón Kué, Machete Vaina, Castilla, San Isidro y 40 kilómetros de las 30.000 hectáreas ganadas con el liderazgo del cacique Maskoy de la parcialidad guaná.
En el camino las personas arriesgaron sus vidas al cruzar la ruta que tiene un puente en estado calamitoso, a esto se suma que el agua está al borde de la precaria pasarela de madera.
Los líderes que se congregaron para despedir al principal referente de la lucha por la tierra aprovecharon el momento para pedir que se mantengan unidas las comunidades y que nadie se apropie de las parcelas que obtuvieron con mucho esfuerzo con el acompañamiento de la iglesia católica en plena época de dictadura.
Denuncia. En la ocasión manifestaron la penosa situación a la que son sometidos por los políticos que les mantienen aislados con falsas promesas y mentiras, se quejaron de las autoridades y dijeron que en nombre de los indígenas utilizan recursos que nunca benefician a las comunidades.
En cuanto a la salud, Francisca Centurión refirió que cada vez que se enferman deben ser derivados hasta Concepción, aun teniendo un hospital indígena en la capital, a esto se suma la falta de atención de la Unidad de Atención Primaria de la Salud que no llega a cada comunidad a prestar asistencia, sobre todo en esta época.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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