Juraron 70 facilitadores judiciales, entre ellos 4 adultos mayores
CONCEPCIÓN.- Aproximadamente 50 personas juraron ayer como facilitadores judiciales en Concepción la semana pasada, en el marco del proyecto de Sistema Nacional de Facilitadores Judiciales.

El doctor Miguel Bajac, ministro de la Corte Suprema de Justicia, tomó juramente primeramente a 24 facilitadores evangélicos de la Asociación de Iglesias Evangélicas del Paraguay, filial de Concepción; luego hicieron lo mismo unos 34 jóvenes estudiantes de la media de 4 instituciones educativas, 4 estudiantes universitarios y 4 personas de la Tercera Edad, entre ellas 3 pertenecientes al Hogar de ancianos de esta ciudad.
Los 4 abuelitos que tendrán a su cargo administrar los pequeños problemas en su grupo son Anunciación Páez del grupo de tercera Edad Vida Plena; Antonia Encina; y los hombres Juan César Insaurralde y Toribio Agüero, del Hogar de Ancianos Mons. Emilio Sosa Gaona.
Bajac indicó que la idea de este proyecto es administrar y solucionar los pequeños conflictos que se dan en la sociedad, a fin de ayudar a descentralizar el sistema judicial que a veces se ve saturado. Agregó que el compromiso de los facilitadores es equivalente al de un juez, porque administran y solucionan los problemas con la diferencia de que no lleva procesos largos. “La única diferencia es que ellos trabajan ad honórem, pero ponen su voluntad y sabiduría al servicio de la justicia para evitar que los conflictos lleguen hasta las instituciones pertinentes”, señaló Bajac.
UH
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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción.
La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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