Puerto fluvial de Concepción recibirá unas 90 mil toneladas de soya al mes
Unas 90 mil toneladas de soya al mes recibirá el Puerto de Concepción, en Paraguay, según informó Fabián Sesto, representante de la firma Baden SA, que está a cargo de la operación del terminal.

El ejecutivo, según consignó el diario local La Nación, aseguró que a pesar del buen comienzo en la recepción de los granos que provienen de la zona de Mato Grosso do Sul tropiezan con la problemática de la huelga de la Aduana del Brasil.
Sesto mencionó que esta situación derivó en una merma en las expectativas y que lo ideal es que lleguen al puerto unos 250 camiones al día, pero la realidad es que en la Aduana del Brasil dejan pasar aproximadamente 10 camiones cada dos días.
“Esperamos que se solucionen estos problemas que registra el Brasil y que de alguna forma resentimos aquí. Esperamos que se normalice y que desde este mes hasta junio terminemos el traslado de la totalidad de las cargas previstas”, manifestó Sesto. La llegada de cargas de granos de soja se da en el marco del plan piloto de traer un total de 1 millón de toneladas de la oleaginosa.
El 50% de la carga será mediante camioneros paraguayos. La empresa Baden SA tiene a su cargo el puerto, tras concretar una alianza estratégica comercial con la Asociación Nacional de Navegación y Puertos (ANNP) de Paraguay.
El mejoramiento de la terminal portuaria consistió en la duplicación de la capacidad de almacenamiento de los granos, ampliación de los silos, mejoras en la infraestructura de las instalaciones edilicias, mejora en la terminal de combustibles, entre otros trabajos.
Este puerto estratégico está ubicado en la ciudad de Concepción, a orillas del río Paraguay. Cuenta con aproximadamente 12 hectáreas y fue construido a mediados de los 90. Hasta hace algunos años se encontraba prácticamente en desuso, generando importantes erogaciones a la ANNP para su mantenimiento.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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