Intendente Urbieta suaviza discurso
El intendente municipal de Concepción, Alejandro Urbieta, que soporta 138 días de movilización contra su administración, tuvo un discurso reconciliador en el que no descarta su renuncia por decoro, aunque se mostró abierto al diálogo en base a condiciones. Esto ocurre en un momento en que su administración está investigada por la Fiscalía de Delitos Económicos.

Urbieta y sus fieles concejales pidieron ayer al gobernador, Édgar López, su ayuda para mejorar las calles y caminos vecinales. Tras el encuentro destacó que su interés principal está en obtener la paz para la ciudad y no descartó la posibilidad de una renuncia por decoro. “Quiero que se aclare todo, hasta inclusive puede ser por decoro salir como siempre decía el gobernador; quiero entrar con la mano limpia y salir con la mano limpia, quiero entrar por la puerta grande y salir por ahí”, dijo.
Señaló que conversó con Pablo Desvars, uno de los indignados, y que le planteó transparencia, participación ciudadana y mejor gestión, y que en base a esas condiciones se puede dialogar con los manifestantes, que, a su criterio, tampoco tienen más argumentos. “Yo no tengo problemas para dialogar, lo que no quiero es enfrentamiento”, sentenció.
En relación a las próximas elecciones municipales, en un principio había manifestado que se presentaría para la reelección, sin embargo, ayer dijo que le gustaría buscar tranquilidad por un buen tiempo.
Reconoció que en algún momento actuó con soberbia y hasta pidió disculpas a periodistas críticos a su gestión y que espera terminar su periodo en el marco de la democracia.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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