Zona de influencia del EPP, sin patrullera policial
AZOTE’Y, Concepción. Pobladores de Kuruzu de Hierro manifiestan que necesitan de una patrullera policial, que incluso utilizaban como ambulancia en caso de urgencia. La zona es de influencia del grupo criminal EPP, pero la subcomisaría no tiene patrullera desde mayo pasado.

La presidenta de la comisión vecinal, María Silva, dijo que desde hace unos meses la subcomisaría de la comunidad no utiliza la patrullera, porque se encuentra averiada. Señaló que el móvil policial servía para trasladar a víctimas de accidentes de tránsito a Horqueta o a Santa Rosa del Aguaray. La patrullera está averiada hace cinco meses.
Indicó que solicitaron a las autoridades correspondientes una nueva patrullera, teniendo en cuenta que la zona es de influencia del grupo criminal autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Consultada si en su localidad tienen o no un puesto de salud, María respondió que no, pero afirmó que se están realizando obras que serían para la Unidad de Salud Familiar (USF).
Aclaró que, debido a que no cuentan con un centro de atención siempre utilizan la camioneta policial para trasladar a los nosocomios a pacientes en estado grave. La mujer expresó que también pidieron la intermediación del intendente de Azote’y, Feliciano Arévalos (ANR) para lograr el objetivo, pero no tuvieron respuesta.
Por su parte, el jefe de la subcomisaría de Kuruzu de Hierro, suboficial Sebastían Ruíz Muñóz dijo que desde mayo no tienen a mano la patrullera, porque se encuentra en mal estado. Aclaró que el motor de la camioneta aún funciona e indicó que su chasis, ruedas y otras fracciones del rodado están averiadas.
Afirmó que el vehículo lo utilizaban como ambulancia para víctimas de accidentes o de otras enfermedades y como patrulla para ciertos operativos policiales, pero actualmente no cuentan ni siquiera con una motocicleta.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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