La pobreza de los casadeños a nadie "interesa"
Pto. Casado.-(ABC)
El liderazgo casadeño no busca una solución al conflicto: es un excelente negocio para quienes controlan el comercio de hierro robado. El resultado es la miseria casadeña. Mientras tanto, la jerarquía de la Iglesia Católica brinda su apoyo a responsables de saqueos.La documentación que existe en torno al comercio ilegal de hierro confirma que en Puerto Casado no existe una lucha social. Es más, nunca existió. Puerto Casado está controlada por un grupo de políticos que lucran con la venta de hierro robado a Victoria SA; gente como Francisco Dick, Cristóbal Notario, Raúl Lagraña, Ariel Guccione utiliza la miseria casadeña en beneficio propio. La Comisión Pro Tierra no está dispuesta a aceptar ninguna propuesta de solución al conflicto y cada día presentan un nuevo reclamo, con el objetivo de que no sea aceptado. Cristóbal Notario, presidente de la multisectorial, ya adelantó lo siguiente: “Si no satisfacen todos nuestros reclamos, vamos a continuar la lucha”. Estas palabras pronunció al finalizar la primera reunión de la mesa de negociación, que tiene al ministro Enzo Cardozo como coordinador, en representación del Poder Ejecutivo. Obviamente que no quieren una solución al conflicto: la inestabilidad que existe en Puerto Casado es excelente para los políticos sin escrúpulos que están controlando la miseria.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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