Colono menonita relató cómo raptaron a su hijo
El colono menonita Peter Blatz relató esta tarde de viernes cómo tres sujetos desconocidos a punta de armas de fuegos raptaron a su hijo Bernhard Blatz Friessen de 22 años, en la estancia Lucipar, de Santa Rosa del Aguaray.
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| Foto: LN |
Según Lorenzo Agüero -el corresponsal del Grupo Nación presente en el lugar de los hechos- el padre manifestó que se encontraba con su hijo a las 13:15 de este día recorriendo un camino rural interno de la estancia, luego de realizar trabajos de agricultura en el establecimiento.Él, manejando un tractor cosechador de gran porte, y su hijo, a bordo de una camioneta de la marca Toyota modelo Hilux, se percataron de la presencia de tres sujetos armados que salieron del monte.
Con vestimenta color verde oliva y con armas largas, los sujetos abrieron fuego contra la camioneta, logrando que frene el rodado. De esta manera, redujeron a Bernhard y se lo llevaron a la fuerza.A continuación efectuaron otros disparos en dirección al tractor, hecho que motivó al padre alejarse unos 100 metros de donde ocurrió el hecho, siempre a bordo de la maquinaria en cuestión. Unas de las balas rozó la cabeza de Peter, según acotó nuestro corresponsal.Actualmente se desconoce el paradero de Bernhard, así como la identidad de los presuntos delincuentes que lo privaron de su libertad. Personal de la Fuerza de Tarea Conjunta y del Ministerio Público de San Pedro se encuentran en lugar levantando todas evidencias de lo ocurrido.
LN
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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