San Lázaro sufre azote de dengue y falta de alimentos
CONCEPCIÓN.- La Municipalidad de San Lázaro solicitó a la Gobernación de Concepción la intermediación con la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) para el envío de víveres a las familias de San Lázaro que están pasando situaciones difíciles por escasez de alimentos.

La Comuna, en diciembre pasado, declaró emergencia alimenticia distrital por 90 días a consecuencia de las tormentas y copiosas lluvias caídas en el distrito. "Estamos enviando la tercera nota a la Gobernación, porque vemos la gran necesidad que tienen las familias en mi distrito", explicó Jorge Villalba, intendente de San Lázaro.
Por caminos internos, contó, que debido a las lluvias caídas se dificulta la extracción de leñas que sirven en el funcionamiento de las calerías, que son las industrias caseras que mueven la economía local. "La principal fuente de ingreso es la explotación minera, pero en esta época no se puede trabajar y las familias sufren necesidades", reveló.
sin trabajar. La nota emitida a la Gobernación sostiene que las comunidades rurales del distrito tropiezan con este problema por falta de fuentes de trabajo, porque ni las pescas dan frutos por la crecida del río Paraguay. En ese sentido, solicitan 1.400 kits de víveres a ser divididos en las siguientes comunidades: Tres Cerros (155 kits), Cerro Morado (65), San Lázaro (150), colonia indígena (35) y Vallemí (1.095).
Rebrote
También la ciudad de Vallemí se halla con graves problemas a consecuencia del rebrote de casos de dengue. De acuerdo con el intendente de San Lázaro, ya son 150 casos que se dan y que no están bajando hasta el momento. "Es nuestra preocupación porque no bajan los índices de la enfermedad, por eso también pedimos auxilios a las instituciones sanitarias", remarcó el jefe comunal.
San Lázaro queda distante a 180 km de la capital departamental con una población mayoritariamente pobre.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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