Concejales no se salvan de escrachadores
CONCEPCIÓN. Anoche se realizó una nueva movilización en la que ciudadanos fueron muy duros cuando llegaron a la casa de los concejales municipales Javier Vergara (ANR), Blas Enrique Paniagua (ANR) y Gustavo Bonzi (PLRA).
En estos lugares, los manifestantes explosionaron bombas y tiraron huevos y basura. Una de las propiedades adonde también llegaron anoche fue la que pertenece a los padres del intendente de Concepción, Alejandro Urbieta Cáceres (PLRA), y del diputado colorado Luis Urbieta Cáceres. Los manifestantes piden la renuncia de ambos, pero ninguno de los dos políticos viven en esa casa, aseguró esta mañana Ana Urbieta, hermana de las autoridades. En ese inmueble también funciona la farmacia, que pertenece a la familia Urbieta Cáceres.
“Queremos que la ciudadanía separe las cosas: nosotros no administramos ningún bien público. Ninguna injerencia tiene la municipalidad con nuestra administración privada y tampoco nosotros lo tenemos con la Comuna ni con el ejecutivo municipal”, aseguró Ana Urbieta. Agregó: “Pedimos paz para esta firma, que tiene 45 años de existencia”, dijo.
Por su parte, Gladys Romero, funcionaria de la farmacia, expresó que no están en contra de las manifestaciones, pero que les afectan a sus compañeros del turno noche porque las manifestantes llegan en ese horario. “Pedimos respeto y que nos dejen trabajar. Anoche vinieron enmascarados a pintar las paredes y ventanas”, lamentó.
Anoche, los indignados mostraron su furia realizando pintatas en el piso, paredes y ventanas de las casas “visitadas”. Para hoy nuevamente anuncian otra movilización. Será el décimo día de escraches.
ABC
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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