Obispo advierte sobre el peligro de la desigualdad.
Su crítica se inició con la situación actual de los jóvenes, que a su criterio necesitan de mucho apoyo estatal para desarrollarse y zafarse de la delincuencia en que caen, principalmente por el avance de la sociedad de consumo. "Los jóvenes piensan que no son nadie si es que no tienen lo que el consumismo ofrece, entonces, al no tener posibilidades económicas y trabajo, roban y matan", señaló.
En otro momento, indicó que nuestra sociedad, en lo económico y en lo social, se halla guiada por el capitalismo y neoliberalismo, factores utilizados por los terratenientes, empresarios y grandes ricos para justificar que bajo el sudor de su frente han aglutinado su riqueza y que si los pobres quieren progresar deben trabajar, haciendo alusión a la igualdad de oportunidades. "Da risas queridos hermanos, que se pongan a trabajar, no tenemos todos la misma oportunidad, no es cierto, es una mentira", agregó.Pidió que los que han tenido oportunidad, trabajo y que tienen riqueza no se olviden de sus hermanos que están en el suelo, que no tienen la misma condición y que necesitan de su ayuda. "Si no mueven su sentimiento positivo para ayudarle, en el día de mañana los van a detener con un puñal o con un revólver en el pecho exigiéndoles por su vida un rescate", indicó.
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
Ciudadano de Concepción!
“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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