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22 jun 2011

Bosques, a salvo por el aislamiento

Concepción.- (ABC) Se entiende que los pobladores de San Lázaro, al mismo tiempo de expresar su alegría ante la posibilidad, al fin, de salir de su aislamiento centenario, se pregunten también si habrían de recorrer el mismo camino por donde pasaron los departamentos de Alto Paraná, Canindeyú y Caaguazú con la inmensidad de sus bosques, hoy totalmente desaparecidos.   

En la región de San Lázaro se cuenta hasta ahora con bosques vírgenes todavía resguardados, en gran medida, por un pésimo camino que conduzca a los depredadores de las riquezas naturales a los centros de comercialización.
Es de recordar que desde mediados de la década del 60, y todos los siguientes 10 a 15 años, pasaban al Brasil por la frontera seca, diariamente, centenares de camiones que transportaban nuestras maderas para alimentar los cientos de aserradores que se diseminaban como hongos a lo largo de la frontera.   
Nuestro diario, también diariamente, denunciaba en todos los tonos tamaño crimen ecológico, pero ninguna autoridad se daba por aludida, porque sencillamente estaba en el negocio. Gente del Instituto de Bienestar Rural (IBR), Gobernación, Aduana, Policía, jueces, hacían su negocio mirando otro lado cuando los rollotraficantes nos iban dejando sin madera.   
El resultado ahí está: donde estaban los bosques, hoy tenemos una mesa de billar.
Temor a la destrucción
En la región de San Lázaro, y otras localidades del departamento de Concepción, los propietarios de grandes reservas de bosques temen despertar la avidez –que, en rigor, nunca duerme– de las personas inescrupulosas que, una vez concluida la ruta, penetren con sus sierras a tumbar los árboles. Aun sin la ruta, se entra en la propiedad privada para depredar y alimentar los hornos para hacer la cal.   
Una vez habilitada la ruta que unirá San Lázaro con la capital departamental, las autoridades, si van a cumplir con sus obligaciones, tendrán mucha tarea para hacer que la posibilidad progreso de una región no se convierta en una maldición.   
Ahora es el momento exacto para diseñar las estrategias de control y seguridad. Treinta meses están a la vuelta de la esquina, y no es cuestión de que después desaparezca también la esquina.
Treinta meses es el tiempo estimado para la conclusión de la ruta. Pero aunque, por algún motivo, vaya más allá de lo previsto, igual no debe dejarse a la improvisación el proyecto de hacer que esa vasta y rica región añore después su aislamiento.

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Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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