Ser Senador cuesta “2 palos verdes”, según Magdaleno

El colorado Magdaleno Silva explicó cómo se compra una banca en el Senado: si una persona desea acceder a la banca debe "prepararse" con "dos palos verdes más o menos" (U$S 2 millones). Dijo además que todo depende del "humor" del líder del movimiento y de "cómo está el mercado". La "práctica" comenzó con Blas N. Riquelme, señaló.
Magdaleno explicó a la 730, sin guardar detalles, el procedimiento para acceder a una banca en la Cámara de Senadores. "Pesa más el amiguisimo y el factor económico. Muy poco se tiene en cuenta el arrastre político. Si una persona no vinculada a la política tiene mucho dinero, tiene que acercarse al líder del movimiento y decirle tengo tanto dinero y quiero una banca, él te va a buscar un lugar rápido", aseveró.
Puso como ejemplo al precandidato colorado Horacio Cartes. "Juan Carlos Galaverna y un grupo de amigos le dijeron: vos tenés todo el perfil, el poder económico para ser candidato. Él, seguro les dijo, pero yo no tengo la antigüedad, la militancia necesaria; y le dijeron eso no importa, vamos a hacer una convención y ahí ellos le dijeron jajoguapáta (vamos a comprar todo) y ya está", dijo el diputado por Concepción
Silva aclaró que por eso decidió votar por una lista abierta para que no solo los que tengan plata sean candidatos. "O si no la iplatante la ohota pepe...(Senado), (O si no solo los que tengan dinero irán al Senado).
Magdaleno explicó cómo y cuando comenzó esta práctica en la política. Según dijo, pagar por una banca comenzó en la época de Blas N. Riquelme y Luis María Argaña. "Ellos te decían que tal lugar ya está reservado", aseveró.
Fuente: Popular
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La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común.
Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos.
La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento.
Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural.
La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros.
Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como:
la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad.
Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público.
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“Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.”
"La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres"
Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.
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