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13 feb 2008

San Carlos del Apa está abandonada por autoridades y sumida en el aislamiento

Una camioneta con ayuda de una balsa atraviesa el río Apa para ingresar a territorio brasileño.

Miércoles 13 de Febrero de 2008

SAN CARLOS DEL APA, Concepción (enviado especial ABC). Llegar a San Carlos del Apa no demandaría esfuerzo alguno si los propietarios de numerosas estancias situadas entre las ciudades de Concepción y comunidades como Paso Horqueta, San Alfredo, Paso Barreto, Sargento José Félix López (Puentesinho), Jorge Sebastián Miranda (Jhuguá Ñandu) y Vallemí respetarán la servidumbre de paso.San Carlos, por el tramo que ingresa por la estancia “San Fernando”, administrada por los Zavala, queda solo a 145 kilómetros de Concepción; sin embargo, es imposible utilizarlo porque la ruta está “minada” de portones hasta la estancia “San Luis de la Sierra”, recientemente adjudicada a Adberrada Yambay.


Otra opción para llegar al distrito es realizando un viaje de 175 kilómetros desde Concepción; es el trazado que conduce a Vallemí, que tiene un desvío a la altura del kilómetro 135 frente al retiro “Alegre”, propiedad de Yambay, que también cruza por la estancia San Luis de la Sierra.Sin embargo, también permanece con los portones llaveados; solo puede ser utilizado desde las 06:00 hasta las 18:00, dependiendo del grado de amistad con los dueños y los “retireros” de las estancias.


La tercera opción es una vía de 200 kilómetros que conecta a la capital departamental con Paso Barreto. Este camino atraviesa las estancias “Hermosa”, “Chaparral”, “Isla Alta”, “Rancho Z”, “La Paraguaya”, “San Miguel”. Pero, para acceder a ella también se debe ser amigo de los dueños o encargados.La última alternativa, que al final se constituye en la más utilizada porque carece de portones, es la que parte de Concepción, pasa por Loreto, Paso Barreto, Jhuguá Ñandú, Puentesinho hasta llegar a San Carlos. Para esto se debe recorrer un total de 225 kilómetros.Esta ruta, que por su extensión y pésimas condiciones sería la última opción, se convierte en la primera porque es utilizable las 24 horas. Sin embargo, se advierte que existe el riesgo de empantanarse durante horas y hasta días en este tramo.


En caso de emergencia los vecinos de San Carlos no tienen otra alternativa que viajar al Brasil. “Si nos enfermamos, accidentamos, nos muerde una víbora o quiere parir nuestra esposa, debemos viajar al Brasil, a unos 60 kilómetros donde nos atienden de las mil maravillas”, reconoció Horacio Schupp, antiguo poblador del lugar.La comunidad también carece de comunicación telefónica. Solo contaba con un sistema de radio VHF de la Policía Nacional, que está descompuesto. Los aproximadamente cien celulares pertenecen a telefonías del Brasil. El profesor Braulio Lezcano señaló que para comunicarse con sus familiares de Concepción y Asunción debe montar a caballo y aproximarse a Puentesinho o Bella Vista hasta un lugar elevado para que el aparato inalámbrico logre captar señal.

1 comentario:

Unknown dijo...

Yo e tenido el honor de vivir en este pueblo es hermosos pero así como dice este articulo esta abandonado y es muy difícil llegar seria bueno llegar a un acuerdo con estos señores dueños de estancias, para que permitan el paso hasta san Carlos ya es una vergüenza que nuestros propios compatriotas tengan que irse hasta brasil a ser atendidos en hospitales e inclusive estudiar en el mismo, también es imposible visitar a nuestro parientes en caso de urgencias por ejemplo, me toco vivir esa experiencia.

C O M E N T A R I O S DE CONCEPCION NOTICIAS

Ciudadano! Sé participe del desarrollo de Concepción. La ciudad es el espacio común donde transcurren nuestras vidas, sueños y actividades cotidianas. Sin embargo, muchos ciudadanos muestran una preocupante inconsciencia respecto al cuidado de nuestro entorno común. Esta falta de responsabilidad se refleja en acciones aparentemente pequeñas como arrojar basura en la vía pública, dañar espacios públicos, ignorar o irrespetar normas de tránsito, pero que, acumuladas, generan un impacto profundo en la calidad de vida de todos. La raíz de esta inconsciencia ciudadana suele darse por la percepción de que la ciudad es un espacio ajeno, administrado únicamente por las autoridades. Entonces, el ciudadano se convierte en un usuario pasivo que exige servicios, pero no se reconoce como corresponsable de su mantenimiento. Cuidar la ciudad no es solo una cuestión estética, sino un acto de responsabilidad colectiva. Una urbe limpia, ordenada y respetada fomenta el bienestar, atrae turistas e inversiones y fortalece la identidad cultural. La conciencia ciudadana implica reconocer que cada acción individual tiene un efecto multiplicador: un papel arrojado al suelo puede parecer insignificante, pero se convierte en una de descuido cuando se repite miles de veces y es mal ejemplo para otros. Esta irresponsabilidad ciudadana tiene consecuencias visibles como: la acumulación de residuos en calles y plazas deteriora la imagen urbana y afecta la salud, el vandalismo y el uso irresponsable de bienes públicos generan una carga para el Erario público por costos elevados, reparación persistente, uso indebido de personales. La indiferencia hacia el entorno común refleja también una falta de solidaridad y compromiso con los vecinos y la comunidad. Pero no todo es dependiente del ciudadano, es vital que las autoridades y gobiernos locales (Municipalidad y Gobernación) muestren coherencia, mediante una educación cívica constante, manteniendo espacios públicos en buen estado y sancionando el vandalismo. Deben transmitir que el respeto es una regla real, y no un discurso populista. Esa actitud se alimenta de la falta de educación cívica y de la ausencia de campañas sostenidas que promuevan el sentido de pertenencia y el respeto por lo público. Ciudadano de Concepción! “Respetar la ciudad es respetarnos a nosotros mismos. Cada plaza cuidada, cada árbol protegido y cada calle limpia es un reflejo de nuestra dignidad como comunidad. La ciudad no es de otros: es nuestra casa compartida.” "La comodidad y la pasividad promueven las malas costumbres" Escrito por: Dr. Ruben Dario Cabral G.

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